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Mostrando entradas de febrero 14, 2008

EL TRÁNSITO MÍSTICO DE LOS OCHENTA

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Hubo quien sugirió que imitaba el tránsito de una calle, con sus adoquines, su gris oscuro de asfalto, su panel publicitario al fondo, una calle ridleyscottiana de una ciudad futurista de mitad de los ochenta, habitada por ciudadanos de la república del ritmo y de los nuevos aires que venían allende las montañas, dentro del cascarón de un barrio medieval. A mí la palabra me provocaba místicas elucubraciones. Recuerdo imágenes: la Virgen María con rostro de Marilín en tránsito ascendente envuelta en una nube de mantos en remolino sosteniendo con ambas manos un miembro viril en erección, Cabañuz explorando con pinceles el misterio de la entropía en el cosmos azul, JAEN celebrando misas del sexo en el altar del dibujo y la plumilla, Sansebastianes transidos de sufrimiento místico en la imaginación de Romera, derviches giróvagos en ascensión y extasis ácido y electrónico, epifanías minimalistas de ingenuos mús

RUIDO DE SUEÑOS

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La segunda mitad de los años ochenta fue, en el terreno musical, especialmente fructífera y creativa. Y el Tránsito fue como un radar que captaba toda aquella efervescencia: el acid house, el techno, la música africana, el rock gótico, la música industrial, el nuevo rock americano, el hip hop, el raï, la sono mondiale. El Tránsito tenía suficiente capacidad para asimilar todos estos y muchos otros estilos, además de unas ganas locas de celebrar toda esta creatividad a través de una serie de fiestas que marcaron una época en Huesca. Fue una forma de conectar a la ciudad con los núcleos reales de la cultura emergente internacional. Una antena parabólica que impidió el aislamiento de los oscenses más inquietos. Y el Tránsito fue también el escaparate de los grupos que representaban la modernidad y la excitación del “sign of the times”, c